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Columna: La Educación TP como llave de futuro

Autor: Pablo Fuentes, Coordinador de Proyectos TP.

“El 26 de agosto de 1942 se crea la Dirección General de Enseñanza Profesional bajo la presidencia de Juan Antonio Ríos, hecho con que se reconoce la importancia de la Educación Técnico Profesional (TP) para el desarrollo productivo del país hace 81 años.

En estas décadas, la educación TP ha evolucionado de manera significativa, pasando de ser una modalidad educacional enfocada en la inserción laboral, a una que opera como antesala de trayectorias formativo-laborales diversas y dinámicas.

Sin embargo, las instituciones que imparten formación técnica enfrentan hoy en día un escenario tremendamente desafiante, en que las nuevas tecnologías están cambiando nuestra sociedad de manera radical, tensionando con ello su capacidad para desarrollar en las y los jóvenes un repertorio de competencias acorde a sus proyectos de vida, que junto a estar basados en sus potencialidades, intereses y sueños, les permitan participar adecuadamente y, por sobre todo, construir la sociedad del futuro.

Como consecuencia, el reto de la educación TP es sobrevivir a la obsolescencia tecnológica y de competencias formativas; en que son y seguirán siendo indispensables las capacidades de vínculo, aprendizaje y adaptación de todos los actores que componen las comunidades educativas.

En este contexto, tanto liceos como instituciones de educación superior técnico-profesionales están llamadas a sostener la promesa de pertinencia y calidad educativa de sus propuestas formativas, la que podrán cumplir actuando de manera coordinada, construyendo y consolidando lazos con actores relevantes a nivel local y regional: empresas, gremios, organizaciones de la sociedad civil e instituciones públicas, de modo de acercar experticias, experiencias y recursos para enfrentar colectivamente una problemática que afecta a todos por igual.

La apertura y vinculación son piezas clave para impulsar la innovación, no obstante articularse, colaborar y aprender sin un ejercicio de cambio genuino en las prácticas pedagógicas y de gestión, en una lógica que permita incorporar nuevos procesos, nuevas tecnologías y nuevas competencias, que favorezcan la alineación entre lo que se enseña en la educación TP y lo que se requiere en una sociedad que cambia constantemente, no serán suficientes para asegurar la adaptación que el ecosistema socio productivo regional requiere.

Nuestro rol como Universidad, que apoya técnicamente el fortalecimiento de la educación media TP en la región, es impulsar redes de colaboración que permitan potenciar a los actores, las iniciativas y al ecosistema en su conjunto, en función de los desafíos de desarrollo del territorio, entendiendo la educación técnico profesional no solo como una llave de futuro para los y las jóvenes que asisten a sus aulas y talleres, sino también para una región que tanto necesita de esfuerzos compartidos.”