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Columna: Comunidades Virtuales de Aprendizaje: tecnologías para la colaboración docente

Autor: Mg. Karina Uribe Mansilla

Coordinadora Pedagógica de Asesorías Educativas

Desde el rol docente, la pandemia se concibió de diferentes formas, y una de ellas fue tomar el desafío que enfrentaba el escenario educativo para lograr aprendizajes profundos en los y las estudiantes a  través del uso de la tecnología, considerada como un medio para acortar la brecha de aprendizajes frente a la no presencialidad en las aulas. En consecuencia, este mundo digital se impuso en corto tiempo y los y las docentes tuvieron que “subirse al carro” sin mucha preparación a lo que sería una nueva era de desarrollo profesional.

En este contexto, nuestro rol desde el Instituto de Informática Educativa de la Universidad de La Frontera, fue preguntarnos de qué manera podíamos contribuir a generar buenas prácticas con tecnologías, que no significara una carga más para el cuerpo docente, que fortaleciera aprendizajes en los y las estudiantes, que promoviera el trabajo colaborativo y reflexivo entre pares, y que además acompañara el proceso de enseñanza online; la respuesta llegó desde las Comunidades de Aprendizaje Profesional que se han implementado con éxito en contextos educativos tradicionales y que adaptamos a entornos digitales denominándolas: Comunidades Virtuales de Aprendizajes (CVA).

Este ciclo formativo, incomprendido en un principio dadas las expectativas de los participantes que esperan la dichosa transferencia de contenidos que comúnmente los perfeccionamientos realizan, invita a través de soportes tecnológicos y mediados por un facilitador, a aprender continuamente de y con otros frente a un tema en común, sitúa a descomponer reflexiva y críticamente el quehacer pedagógico para definir un nudo crítico que esté al alcance de la propia práctica docente, buscar colaborativamente una solución concreta a ese nudo, planificar, implementar en el aula y evaluar lo realizado en pos de la mejora de los aprendizajes de los y las estudiantes, entrando de esta manera en un ciclo virtuoso de reflexión-acción.

¿Cuál es el desafío? Impulsar una cultura de trabajo colaborativo para el desarrollo profesional docente desde las necesidades de aprendizaje, conocer experiencias entre pares, escuchar activamente, concientizar la autonomía para decisiones pedagógicas dentro del aula según el contexto, además de generar un trabajo sistemático basado en evidencias y que pueda ser compartido y retroalimentado fácilmente, por ejemplo, utilizando plataformas online. 

Con la experiencia de cinco ciclos formativos de CVA concluidos, desde la universidad entendemos que, en la medida que dejemos de tener conversaciones pedagógicas centradas en cómo los y las estudiantes pueden lograr aprendizajes profundos, mayor distancia existirá en desarrollar conocimientos, habilidades y actitudes claves para la sociedad del hoy. Si bien es cierto, las CVA demandan tiempo que a veces declaramos no tener, cuando nos damos cuenta que la carga se alivia al compartir problemáticas y entre todos encontrar una solución, ese tiempo no se pierde, se aprovecha para ajustar y mejorar los procesos.  

Este tipo de acción formativa llegó para quedarse sin límites de fronteras y, sin duda, el acercamiento tecnológico a las aulas permite aprovechar las herramientas digitales para hacer comunidad con solo un clic de distancia.